Triste noticia la que me llega a
estas horas nocturnas como es el fallecimiento de Manuela. Noticia confirmada
por su hijo José Luis de León en redes sociales.
A Manuela la conocía de toda la
vida, pues la amistad familiar se remontaba a la época de mis bisabuelos.
Hablar de ella es hablar de una mujer que con su bondad y enorme simpatía se
ganaba el cariño de todo el que la conocía. Y más con la risa tan contagiosa
que tenía.
Mujer muy animada y llena de
energía la recuerdo como activa colaboradora de la parroquia de la Inmaculada
Concepción. Catequista, hermana del Santísimo, rezadora del Santo Rosario y
todo aquello que urgiera. Esta parroquia para ella era como su segunda casa, y
en algunos momentos del año su primera residencia.
Era muy alegre, pero a la vez muy
estricta en las cosas de iglesia. Implacable con los sacerdotes y monaguillos
con la vestimenta los días de precepto y fiestas de guardar. Y en Semana Santa
aún más.
No era de esas personas que van a
la iglesia y a misa por aparentar. Manuela sabía que la vestimenta no forjaba
la Fe, pero que había que estar con decoro en la casa del Padre y en su
representación. Ella iba con Fe e ilusión. Siempre me decía entre risas en
referencia a ello yo aquí son la decana. Y vaya que sí lo era.
Y esto no son palabras inicuas en
referencia e su persona. Su profunda Fe y observancia lo comprobé personalmente
y voy a relatar una anécdota.
Algunos Viernes Santos, hace ya
muchos años, la llegué a acompañar en la procesión del Silencio. Ella si me
veía me hacía señas de que la acompañara porque tenía miedo de caerse ante la
penumbra de este recorrido procesional. A veces, si el amigo Desiderio González
Palenzuela lee esto y que tiene una memoria más prodiga que la mía y puede
aportar más datos, él también nos acompañaba. Y manuela iba de mi brazo.
Totalmente del riguroso luto de la hermandad y portando redoma. Yo no le hablaba
ni le decía nada. Desiderio tampoco. Sólo el ruido de los pasos acompañando a
la Virgen. Pero yo notaba la profunda Fe y recogimiento que Manuela emanaba. Y
es algo que recuerdo con mucho cariño, pues ella me pedía que la acompañara y
lo que no sabía es que con ello me honraba con su presencia.
Anécdotas que llevamos en el
corazón.
Hace años que no la veía. Sabía
por terceras personas que tenía sus achaques en una salud que se iba diluyendo.
Hoy ha trascendido y tengo por seguro que se ha ganado el Cielo.
Te recordaré siempre con mucho
cariño Manuela. Con tu eterna alegría y la sonrisa en los labios. Con tus flamígeros,
pero cortos enfados, cuando alguien se salía de la dignidad que significaba un
acto religioso. De verte con tu Peugeot 205 blanco siendo muy puntual a tu cita
para rezar el Santo Rosario y decirme adiós. Y sobre todo con tus chascarrillos
y buen humor.
La verdad que ya personas como
Manuela no quedan.
Mi más sentido pésame para sus
hijos José Luis y Rosa, familia y amigos.
Te vas casi en Vísperas de
Todos los Santos y Fieles Difuntos. Y yo no creo en las casualidades, sino en
las causalidades. Y eso es buena seña de tu enorme valía. Dale un abrazo a tod@s por allá
arriba.
Descanse en Paz Manuela.
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