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domingo, 23 de abril de 2023

Guillermo Perera Álvarez y su tributo al mausoleo de los Jardines del marquesado de la Quinta Roja.

 



Hoy nos visita un literato lagunero y en esta fecha no es casual, pues en tal día como ayer se cumplió un siglo de la publicación en El Heraldo de Orotava esta bella poesía dedicada al mausoleo situado en los Jardines del marquesado de la Quinta Roja. Tenía esta entrada que haber sido publicada ayer, pero este blog estaba en otros menesteres por La Orotava.

Conozcamos un poco más al personaje de la mano de http://aclrevistaliteraria.academiacanarialengua.org/guillermo-perera-y-alvarez-1865-1926-poeta-regeneracionista-y-mason/ artículo que recomiendo que lo lean en su totalidad. Aquí sólo transcribir lo que atañe a la razón de este escrito dejando fuera otros temas sin cabida en un blog de este tipo.

Poeta “estrictamente lírico”, según se ha señalado, nació en La Laguna (25-06-1865), se dedicó al periodismo y a actividades administrativas para atender a sus gastos vitales (trabajó en la secretaría del Instituto de Canarias). Dirigió los periódicos laguneros La Región Canaria y El Noticiero Canario, que se editaron a finales del siglo XIX y principios del XX, y colaboró como redactor y publicista en otros muchos, tanto de las Islas como del exterior. Entre sus obras destacan La Princesa Dácil (1896 y 1940), y La fuente de la selva (1919), que lo sitúan como uno de los principales representantes de la llamada Escuela Regionalista. Falleció en su ciudad de nacimiento (3-06-1926).

Presentado, a la logia Añaza de la capital tinerfeña, el 6 de octubre de 1899, resultó iniciado el 1º de diciembre de ese mismo año. Adoptó el nombre simbólico de Asdrúbal y sus aplomadores destacaron, especialmente, su honradez y afabilidad. Alcanzó los grados 2º (1900) y 3º (27-06-1904), permaneciendo vinculado a este emblemático taller hasta la fecha de su óbito.

Obviamente, Sepulcro vacío alude al mausoleo del VIII marqués de la Quinta Roja, don Diego Ponte del Castillo, Taoro, grado 30º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, y Venerable fundador de la logia Taoro, nº 90 de La Orotava, perteneciente en una primera época al Grande Oriente Lusitano Unido, con sede en Lisboa, y, a partir de 1880 y hasta finales de esta década, a la Gran Logia Simbólica Independiente Española de Sevilla, obediencia simbólica constituida por buena parte de las logias que, a raíz de la crisis masónica de 1878, se separaron de la organización portuguesa. Don Diego Ponte del Castillo murió a principios de abril de 1880 y, dada su militancia masónica nunca desmentida y el hecho de que, bien por voluntad propia o por otra causa, no se le administrasen los últimos sacramentos, las autoridades eclesiásticas negaron su enterramiento en sagrado, es decir, en el cementerio católico de La Orotava. La inhumación se realizó, no sin algunos problemas, pero la tumba fue aislada con una robusta verja y, poco después, su madre, doña Sebastiana del Castillo, inició los trámites para la construcción, en un jardín de su propiedad, de un espléndido mausoleo, cuya obra fue encargada al arquitecto y masón francés, Adolphe Coquet, hombre sensible que visitó las Islas, escribió sobre ellas y murió ciego.

El caso es que, como narra el poeta, en aquel mausoleo nunca se enterró a nadie, aunque fue preparado para ello, incluyendo la decoración interior de la cripta, en la que destacaban numerosos símbolos y alegorías masónicos. Los elementos principales del conjunto, especialmente las escaleras, las columnas del grado 18º y, en fin, la cruz céltica que coronaba el panteón, son una más que evidente alusión al elevado rango masónico del VIII marqués de la Quinta Roja, dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

 

Muy resumido esto es la vida del autor de “Sepulcro vacío”. Leamos el texto.

«En medio de poéticos jardines
existe un panteón
donde depositar quiso una madre
al hijo de su amor.

 

Que el ciego e intolerante fanatismo
sepultura negó.
¡Y los fríos despojos que animara
en sus entrañas Dios!

 

Mas la tierra cual madre, de una madre
comprendió el dolor
rasgó también su seno y blanco mármol
para sepulcro dio…

 

Ante aquel mausoleo triste envidia
sentí en mi corazón
¡mi vida por el muerto que encerraba
trocado hubiera yo!

 

Que allí exhalan las flores en aromas
una eterna oración
y encendidos los cirios de sus rayos,
le tienen siempre al sol.

 

Las aves de sus trinos las salmodias
elevan hasta Dios,
mientras piadoso el cielo, de rocío
da llanto bienhechor…

 

Orar quise a mi vez, mas mi espalda
una burlona voz
oí que me decía: «En esa tumba
a nadie se enterró».

 

¡Un rayo fue de luz! Comprendí entonces
que me nieguen tu amor;
que es tu pecho también tumba vacía:
¡no tienen corazón!»

 

 

Guillermo perera Álvarez, Biblioteca Canaria, p.78, Librería Hespéridas, Santa Cruz de Tenerife, s/f., y El Heraldo de Orotava, Año II. N. 49, 22 de Abril de 1923.

Texto extraído del libro “Lo que han dicho de ti, Víctor Rodríguez Jiménez, 2006.

 

 

No es que la poesía sea mi fuerte, yo soy de ensayo, aunque el blog hermano de este sea de reseñas de narrativa, pero la verdad que este texto se ve que fue redactado desde un profundo sentimiento y emoción. Poco más puedo añadir, pues ya en su día escribí sobre este tema.


Publicación de "El sepulcro vacío" en el periódico El Heraldo de Orotava el 22 de Abril de 1923.
 

Lo que sí me llama la atención es que en los últimos tiempos la figura del marqués Diego Ponte del Castillo se ha vuelto multiusos. Para todo sirve. Desde poesía, ensayo y rutas teatralizadas. Algunas incluso bajo el título de la trágica muerte del VII marqués de la Quinta Roja. ¿Tú sabes donde falleció el marqués? Ya quisiera yo fallecer en tales dominios (si hubieran estado en La Orotava). Se ve que la muerte de Diego Ponte del Castillo aún sigue dando negocio.

En fin… hay gente para todo. Afortunadamente, dentro de lo problemático que dio origen a los Jardines y mausoleo, hoy podemos disfrutarlo, aunque no esté como en su versión original. Admito que es un lugar que me encanta visitar y subir hasta dicho mausoleo. Con asepsia mental. Nada de si este era de aquel bando y el otro del contrario. Ni masonería ni catolicismo me dan nada, ni nada pueden ofrecerme. Salvo estos excelentes textos. Soy un ser libre. Aunque no me cabe duda, al igual que me pasa con Platón, que si el marqués hubiera sido contemporáneo de mi época no me cabe duda que seriamos buenos amigos.

Saludos.

lunes, 27 de marzo de 2023

De la emoción me hicieron llorar.

Una cosa es ver la fotografía y otra vivirlo en persona. Terrible y conmovedora escena protagonizada por la marquesa, el alcalde y el cura. Imagen: © Paco García 2023.
 


El pasado fin de semana se celebró en La Orotava “Esto es histórico”, un nuevo espacio bibliófilo que quiere unirse a la oferta cultural de la Villa. Mi valoración sobre esta primera edición la publicaré en unos días.

He publicado algunas tomas de vídeo en las redes sociales de mis blogs. Pero hoy quiero redactar unas palabras.

Estas tomas pertenecen a la recreación teatralizada hecha por el grupo Jaster Luis Creaciones. Y en la misma se recordó uno de los episodios más oscuros y vergonzosos de la historia de La Orotava como es la problemática del enterramiento de Diego Ponte del Castillo, VIII marqués de la Quinta Roja.

No sé si fue el tórrido calor que nos azotaba o la impresión del momento, pero lloré grabando las imágenes que van a visionar.

Una recreación muy bien hecha y metidos en su papel cada personaje que parece que habíamos viajado a través del tiempo a aquellos funestos días de la decimonónica centuria acompañando a la marquesa doña Sebastiana en el duelo por su amado hijo.

En su momento ya le dediqué a la marquesa un extenso artículo en base al libro escrito por José Maza sobre la masonería e intolerancia en Canarias. Precisamente tras concluir esta representación Maza me preguntó qué tal había ido y mi opinión de la misma. Tuve que ser sincero: la emoción, donde se fusionaban historia y Patria, y el buen hacer interpretativo de los actores, se conjugaron en un afligido momento que me hizo llorar.

Cada pueblo a lo largo de su forjada historia tiene páginas luminosas, pero también bochornosas. En este blog, como no debemos nada a nadie y somos fieles y rigurosos a la historia, también publicamos estas cosas. ¡No todo va a ser cojonudo en el sagrado suelo del terruño de nuestra raza!

Tengo la absoluta certeza que allá dónde estén, Diego Ponte del Castillo ha trascendido a un lugar superior frente a aquellos que lo perjudicaron. Que no respetaron la muerte de una persona, el dolor de una madre ni las voluntades de la misma.

Aquellos que lo condenaron a la ignominia de la chercha. ¡La chercha!... ese deshonroso lugar. Tal gente es imposible que esté descansando en Paz en el plano trascendental y suprahumanista del Arquitecto cósmico. Y si así fuera, Dios los haya perdonado porque la Historia no puede, ni está legitimada, para absorberlos. Creyéndose amparados por la Cruz que ellos mismos manchaban con la bajeza de sus acciones fueron jueces impugnados en sus acciones. Dios castiga sin piedras y sin palos ayer igual que hoy.

Mis felicitaciones a Jaster Luis Creaciones por esta magnífica representación tan fiel y respetuosa frente a los hechos. ¡Que no nos falten gentes así en la Villa!

Siempre lo sostendré: Si el marqués y yo hubiéramos sido contemporáneos no me cabe duda de que hubiéramos forjado una gran amistad. 

 


 

jueves, 26 de diciembre de 2019

El inquebrantable amor de una madre.

Hoy traigo uno de esos escritos sobre unos hechos reales y unos personajes que forjaron la historia villera del siglo XIX como fue el caso de Diego Ponte del Castillo, VIII marqués de la Quinta Roja. Pero antes de desarrollar este escrito me veo en la auto obligación de dejar aclarados algunos puntos para así evitar mal entendidos.
Yo no soy historiador. Lo que usted mi querido/a lector/a va a leer en estas líneas es mi impresión personal de este tema. Muy condesada porque no voy a desvelar la totalidad de la historia. No intento, atrevido ignorante sería, querer hacer con ello un escrito de carácter histórico. Yo no soy historiador, ni tengo formación en ello, para rubricar este escrito, ni ningún otro, con dicho carácter solo reservado a quiénes de verdad son historiadores.

No es este tampoco un escrito de ataque a la Iglesia ni de defensa de la Masonería. Ya tengo una edad y unos conocimientos para desde mi punto de vista, en aguerrida libertad, pensar que ambas instituciones llevan siglos en singular combate en una contienda que va mucho más allá del plano filosófico y que pienso que llega hasta las más altas cotas del plano exotérico. Afortunadamente poseo la asepsia mental suficiente y en esa contienda casullas vs mandiles yo soy persona totalmente neutral pues nada se me ha perdido ahí. Tampoco me sirve ese rollito intelectual de que si la intransigencia de unos contra otros. Si a día de hoy, como siempre ha sucedido, no nos damos cuenta de que la transigencia es algo de mucha palabrería y poca efectividad es que no sabemos en qué mundo vivimos.

Tengo claro que esto lo van a leer católicos y masones, pues intuyo que la masonería sigue presente en la Villa, que sepan que no defiendo, tampoco ataco, a nadie. Simplemente porque no me interesan ni tienen nada que ofrecerme a nivel espiritual ni intelectual. Para mis aspiraciones de ambas cosas en la vida ya estoy colmado con mi biblioteca y este blog. Católico semi practicante que no está cerrado a la lectura de todo tipo de libros y temáticas. Charlas, conferencias y demás. Pero yo no me adjunto con nadie y así estoy a bien con todos.

Hace unos meses por una concatenación de serendipias realicé una serie de publicaciones en mi red social. Publicaciones que leyó José Maza, autor junto a Nicolás González Lemus del ensayo “Masonería e intolerancia en Canarias. El caso del Marquesado de la Quinta Roja”. El día 4 de octubre de este 2019, lo recuerdo bien pues era mi onomástica, Jose me regala dicho libro junto a otro de su autoría: “Felipe Machado, alfombrista y diletante”. Yo conocía ambos ensayos. Obviamente procuro estar al tanto de lo que se publica sobre la Villa. Pero tengo tal cantidad de libros por leer que no tengo tiempo de abarcar tantos títulos como deseara.

Dicho día Jose y yo tenemos una conversación sobre este tema. Tema que yo conocía por varios motivos. Primero porque las familias más antiguas en el Casco sabíamos lo sucedido porque era un hecho histórico que se iba relatando de generación en generación. Encima leyendo el libro de todos estos acontecimientos tuvieron que ser testigos directos por vecindad mis trasbisabuelos y tatarabuelos pues varios de los personajes de esta historia eran vecinos directos. Por otra parte, en su momento por cuestiones turísticas y de propia curiosidad personal tuve que empaparme de este tema. En cuanto acabé el libro que estaba leyendo en el momento del regalo de Jose automáticamente me dije tengo que leer este libro. Quiero saber si me va a clarificar más sobre el tema. Tanto me clarificó y gustó dicha publicación que ha dado origen a este escrito compartiendo mis impresiones personales.

La masonería es algo que no sé explicarlo porque no lo conozco. Yo en mi paupérrimo intelecto la divido en dos: masonería de tipo folclórico que es aquella visible y masonería de tipo exotérico que es aquella que dicen que forman los poderes ocultos y manejan el mundo con hilos invisibles. Bien es cierto que en los momentos que vive Diego Ponte del Castillo se dice que la masonería hace un daño terrible al país en aquel convulso siglo XIX donde España pierde su imperio y hegemonía mundial. Aparte de una serie de problemas internos, guerras, pronunciamientos y demás. Pero no voy a centrarme en eso. Hay muchísimos ensayos, documentales, tesis, canales de YouTube y webs donde pueden consultar pues no es este blog lugar para desarrollar estos temas. Yo quiero centrarme en La Orotava.

Leyendo el libro a Diego Ponte del Castillo se le descubre como un caballero altruista, culto, comprometido con la sociedad de su tiempo y demás. Alguien que da la impresión de ser muy buen persona. Pero a la vez con la valentía de enfrentarse a los poderes establecidos como era, y aun es, la Santa Madre Iglesia. No ocultaba su filiación a la masonería. Y creo que la fuente del problema que sucedió con su entierro no se originó en La Orotava sino en Garachico. Intuyo que el marqués y el párroco de San Pedro Daute José Navarro Gorrín tuvieron un fuerte enfrentamiento verbal que no ha quedado registrado, o fue omitido conscientemente, para la historia. Y fue él el que lavó la cabeza al entonces párroco de la Concepción Josá Borges Acosta. Todo eso derivó en un escandalo en aquella época. Rencillas personales, calumnias, problemas burocráticos y una serie de actitudes por parte de ambos entornos que dio que hablar. Fue de tal magnitud el problema que incluso se tentó la posibilidad de enterrar a Diego Ponte del Castillo en el cementerio anglicano del Puerto de la Cruz.

Obviamente no voy a desentrañar el libro. Sí les recomiendo que lo lean porque encima van a tener contacto directo con unos de los autores del mismo en ese templo de la cultura como es la librería el Viajante donde José les podrá extender este tema adecuadamente. Y más José que es un tipo que se sumerge a fondo en archivos históricos buscando hasta el ultimo resquicio. Aparte que de forma paralela van apareciendo personajes que fueron muy importantes en aquellos tiempos a nivel económico, comercial, político y periodístico.

Pero hay un personaje en esta historia que a mi me ha eclipsado como fue doña Sebastiana Fernanda Carolina del Castillo y Manrique de Lara, VII marquesa de la Quinta Roja y madre de Diego Ponte del Castillo, VIII Marqués de la Quinta Roja y una de las principales casas nobiliarias de Canarias. Ella fue en mi opinión la verdadera heroína de toda esta historia. Sola o casi en soledad, soledad buscada pues la esposa de su hijo María de las Nieves Manrique de Lara, poco pintó en todo esto frente al ímpetu de su suegra. A medida que iba avanzando en las paginas del libro y reflexionaba de cómo esta mujer se alzó contra las imposiciones sociales, por cierto, como siempre muy doble moralistas, de la época. En eso hemos cambiado poco. Bien es cierto que su posición y fortuna le dieron cobertura para ello. Y aplicando ese concepto de lectura comprensiva me fui dando cuenta de que doña Sebastiana no solo tuvo una posición de señora, sino que ejerció como tal. Sin gritos, sin aspavientos, amenazas, embustes… se preocupó de luchar denodadamente contra viento y marea por lavar el honor de su hijo frente a las vendettas de muchos, sobre todo el clero. Porque a la muerte física del marqués se unió la intentona de muerte social del mismo. Pero con esta mujer tocaron en hueso duro de roer. Y en ese pequeño microcosmos que era La Orotava en toda la Nación nos damos cuenta de lo qué era aquella España decimonónica desangrándose entre conservadores y liberales. Se me viene ahora a la mente al fantástico articulista y escritor Mariano José de Larra que viendo aquella caótica situación fue uno de los motivos, junto a su fracasado matrimonio, por los cuales acabó pegándose un tiro en la sien frente a un espejo. En eso también hemos cambiado poco.

Sebastiana Fernanda Carolina del Castillo y Manrique de Lara,
VII marquesa de la Quinta Roja.
Imagen enviada por José Maza.


Portada del libro de José Maza y Nicolás González Lemus.
Doña Sebastiana, que podía haberse plegado al sistema y haber vivido plácidamente de sus cuantiosas rentas, decidió luchar por la memoria de su hijo erigiendo el Jardín del Marquesado de la Quinta Roja. Llamados hoy Jardines Victoria. En su honor creo que a partir de ahora en lo personal y en lo escribano me referiré al mismo con su primigenio nombre. Ya que la Iglesia le negó honor y sepultura a su vástago en nuestro camposanto, querían enterrarlo en un pedregal apartado del cementerio, la “chercha” como se decía en tiempos pretéritos, ella lo quiso elevar a tal en ese pequeño jardín del Edén. Pasando las paginas se palpa la enorme inteligencia de esta mujer. No solo la fortuna que gasta, que es considerable, y a quién se lo encarga, aunque el papel de Adolph Coquet, afamado masón de origen francés, en si el Jardín es masón o no aun genera dudas. Yo opino que sí es masón y que como mínimo Coquet también dio ideas y directrices de lo que debía ser el mismo. Recordemos que el jardín no entraba en el proyecto de Coquet sino el mausoleo. La marquesa fue muy hábil no solo proyectándolo en zona tan visible, sino que luego en la Exposición de Horticultura del año 1888 lo dio a conocer a nivel nacional e internacional mediante este evento pues cedió los Jardines para el mismo. Incluso recibía en su morada, hoy centro de la Tercera Edad, y enseñaba dicho lugar a todo visitante que se lo pidiera. He quedado gratamente sorprendido de la figura de doña Sebastiana del Castillo y Manrique de Lara. Una mujer totalmente avanzada a su tiempo y que tuvo que luchar contra el orden establecido. Siempre lo he afirmado y tras leer el libro mi idea queda más confirmada. Si esto en vez de pasar en este país hubiera sido en otro ya hubiera tenido película, obra de teatro y serie en Netflix o HBO (al igual que la hubiera tenido la historia de Dácil y el capitán Gonzalo del Castillo). Historia fantástica de las grandezas y bajezas humanas. Pero esto es España. País de cazurros en piel de toro, corazón cainita y cuernos de ignorancia. Males endémicos que aun recorren la Patria y a los cuales hubo de enfrentarse la marquesa. 



Diego Ponte del Castillo, VIII marqués de la Quinta Roja.
Imagen: http://canarianfreemasonry.org/inicio/archivos/1425


No quiero desgranar más de la historia. Repito, ahora que estamos en época de regalos compren el libro porque vale muchísimo su lectura. Y esto no es una publicidad encubierta ni me llevo nada con ello. Pero esto sí es una historia humana de verdad en el que la ficción se queda corta ante la magnitud de los hechos sucedidos. Simplemente recomiendo zambullirse en estas páginas de la historia villera que con el paulatino paso del tiempo las nuevas generaciones las irán olvidando. Prácticamente si salimos de las familias antiguas del Casco poca gente conoce la historia y a estas alturas ya algo desvirtuada.

Personalmente visito con mucha asiduidad el Jardín de la Quinta Roja. Me gusta sentarme un rato a los pies del mausoleo contemplando las fabulosas vistas del Casco que desde allí tenemos. Es un sitio con ciertas energías telúricas que recargan y dan tranquilidad al espíritu. Cada vez que voy me quedo a solas con mis pensamientos y solo me retiro si viene algún turista pues por respeto a los mismos no voy a entorpecer a personas que tal vez no vuelvan a visitar nuestro municipio nunca más. En cambio, yo lo tengo siempre. Además, con total sinceridad, los jardines de la Quinta Roja están para que los disfrutemos que unos buenos dineros nos ha costado al pueblo de La Orotava adquirirlo en su momento, rehabilitarlo, más otra reciente reforma. ¿Qué se creían que el dinero cae del Cielo meado por la cuquita del niño Jesús? Ya en marzo vienen los impuestos y se les clarifica el tema. Aunque nunca creo que se logre igualar el aspecto y grandeza que tuvo en su génesis. Bonito sería intentar replicarlo a su forma original. Tales jardines tienen que ser espacio turístico tal y como están actualmente concebidos y a la vez espacio para estar en un ambiente tranquilo. Personalmente no entiendo el lugar de otra forma de como está en la actualidad. Lugar tranquilo donde pasear, meditar. Sin ruidos, sin estridencias, sin ambientes licenciosos… Ahora que se ha vuelto a retomar con fuerza el tema de que La Orotava sea Patrimonio de la Humanidad una de las principales bazas debe ser este entorno privilegiado en nuestro Casco antiguo. No recuerdo si en algún escrito en el blog o en redes sociales más de una vez he comentado que hay dos lugares en el Casco en los que me gustaría pasar una noche para fundirme con su entorno. Uno es los Jardines del Marquesado de la Quinta Roja y otros son los lavaderos en San Francisco. Dos rincones villeros cargados de energía e historias humanas. Lástima que a mí no me den la llave.

Este escrito lo he traído hoy a colación pues ayer se cumplió el 116ª aniversario del fallecimiento de doña Sebastiana ocurrido a las ocho de la mañana del Día de Navidad en Santa Cruz de Tenerife alojándose en el hotel Inglés de los hermanos Richardson a causa de la enfermedad del reblandecimiento cerebral crónico. Copio textualmente lo siguiente del libro:

Fue enterrada en el viejo cementerio de San Rafael y San Roque de Santa Cruz de Tenerife, por orden del juez municipal de la ciudad, don Miguel Diaz Llanos y Fernández, a pesas de que la marquesa había dejado claro a sus herederos de que su intención era reposar junto a su marido e hijo.

“Encomienda su alma a Dios y dispone que acaecido su fallecimiento se le de sepultura sin pompa de ninguna clase, en el mismo sepulcro en que se encuentran las cenizas de sus amadísimos Hijo y Esposo para que así como en espíritu han de unirse ante el Supremo Creador, sus restos mortales estén también unidos. Y dispone que se haga sin pompa ni aparato alguno su enterramiento, porque quiere que sea hecho en la misma forma que lo fue el de su amadísimo hijo".


Francisco de Ponte y Llarena,
VII marqués de la Quinta Roja.
El parecido entre padre e hijo es notorio.
Del libro de Jose Maza y Nicolás González Lemus.


Fue también su última voluntad que sus restos, transcurrido el tiempo que la ley exige, y los restos de su esposo e hijo, se colocaran en el Panteón que a tal efecto levantó en el jardín de su casa en La Orotava, hecho que encargó a sus herederos.

Cabe decir que parte del testamento de la marquesa, según leo, fue anulado porque contravenía algunas leyes. Pero no se pudo cumplir, ni creo que se cumpla, la voluntad de doña Sebastiana de que sus restos mortales junto a los de su hijo Diego y su esposo Francisco descansaran juntos en el panteón de los Jardines. Cosa hoy imposible por ser de titularidad pública y a efectos legales no habilitado para enterramientos.

Mujer a la cual le rindo este humilde tributo en mi blog. No por simpatía ideología, espiritualidad, estatus social o corporativismo nobiliario. Carezco de todo eso. Sino por ser una mujer con dos ovarios bien puestos. Y valen más dos ovarios bien puestos que posición y fortuna. Ella lo tuvo todo y merece que su memoria se perpetúe, como toda esta historia, en las generaciones presentes y venideras. Una mujer que en otro país y otro pueblo hubiera sido una fémina legendaria. Historia pura de la Villa de La Orotava recogida en este libro. Merece ser leído. Gracias José Maza por tan prolífico y acertado regalo.
Un saludo.

* Apéndice: 
Añado este apéndice en la noche de sábado 28 de diciembre de 2019 por el siguiente motivo. Quienes hayan leído el libro, e incido en que vale mucho su lectura, comprobará que el destino final de la marquesa es un misterio. Este tema quería hablarlo personalmente con José Maza por lo que no quise escribir nada en el momento de la publicación de este artículo. El motivo es el siguiente.

La marquesa fallece el 25 de diciembre de 1903 en Santa Cruz y la ley no permite el traslado y enterramiento fuera del municipio donde se produce el óbito. Por lo que es enterrada en el antiguo cementerio de San Rafael y San Roque. Misteriosamente su tumba desapareció y a día de hoy no se sabe dónde esta sepultada ni se sabe dónde está su lápida pues no hay resquicio alguno físico ni burocrático de su destino. En divagaciones entre Jose y yo pensamos que es imposible que una persona de su posición y rango, recordemos que doña Sebastiana por línea parental y de matrimonio formaba una de las casas nobiliarias más fuertes del Archipiélago, no pudo ser enterrada como una persona humilde. Ahí tuvo que existir un mausoleo o al menos una suntuosa tumba acorde a las costumbres de la nobleza de la época. Pues no hay rastro alguno. No se sabe si en algún momento tas su fallecimiento la exhumaron y enterraron en otro logar.

Teorías hay varias pues al morir su hijo Diego ella pide licencia de obras para hacer una tumba anexa a la de su esposo Francisco en el cementerio de La Orotava. Dicha licencia le fue negada. Por lo que Francisco Ponte Llarena y su hijo Diego Ponte del Castillo están enterrados en la misma tumba en distintos féretros uno encima del otro. Podría ser que a Sebastiana se la trasladara discretamente y se la enterrara en otro féretro sobre el de su hijo cumpliendo así en parte lo dispuesto en su testamento. Pudiera ser que trasladaran sus restos y fuera igualmente enterrada en dicha tumba o en cualquier otro lugar de las múltiples posesiones que abarcaba doña Sebastiana.

Mi opinión es que a la marquesa, como igualmente intentaron con su hijo, tras su muerte física la sometieron a muerte social y que sus restos deben encontrarse en alguna fosa común bien en Santa Cruz o La Orotava. Muchos enemigos se granjeó y negarle un lugar de visita a sus restos mortales pudo ser factible. Pero yo tengo una imaginación muy prolífica y tal vez esté divagando en extremo.
Una cosa sí es clara; el nombre de doña Sebastiana Fernanda Carolina del Castillo y Manrique de Lara, VII marquesa de la Quinta Roja y madre de Diego Ponte del Castillo, VIII Marqués de la Quinta Roja casi fue borrado de la historia. Cuando ella ni siquiera, que se sepa, pertenecía a la masonería. Pero en los últimos años la memoria de doña Sebastiana ha vuelto a tener vigencia por cómo se enfrentó a los poderes del momento únicamente llevada por el amor a su hijo.
Este era el pequeño fleco que me quedaba por añadir a este escrito. Tal vez nunca sepamos dónde descansan los restos mortales de la marquesa. Tal vez, quiero pensar que sí, está en nuestro camposanto en la tumba del marquesado de la Quinta Roja pues algún alma piadosa quiso que descansara con su esposo e hijo. Ya ven que esta historia tiene tintes de leyenda y reincido que en otro país hubiera sido llevada a cine, teatro y televisión pues el halo de misterio aumentó tras su fallecimiento. Una mujer legendaria que su memoria ha renacido como ave fénix, no buscando venganza, pero sí ejemplarizando una lucha sin cuartel y como única bandera el nexo de amor más fuerte que existe como es el de madre-hijo.
 
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Primera edición del texto: Diciembre de 2019.