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Jose con la Coral en Navidad. Año 2004. Imagen: © Paco García 2004.
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Adeste fideles laeti triumphantes
Venite, venite in Bethlehem
Natum videte regem angelorum
Venite, adoremus,
Venite, adoremus,
Venite, adoremus, dominum…
Son tiempos de Navidad y por tanto
de villancicos entre otras muchas cosas. Épocas de tradiciones que pese al
Covid se siguen manteniendo cierto costumbrismo. Especialmente para mi esta
fecha no significa nada. Así lo pienso y así lo escribo. Si esto que vemos, no
de ahora sino desde hace muchos años, es la Navidad pues apaga la luz y vamos.
Por eso me gusta más utilizar la palabra “Adviento”. Suena más esperanzadora a
nivel espiritual. Puedo hacer alguna compra, algún producto típico de esta época,
pero más por apetencia, soy persona muy golosa, que por espíritu navideño. Que
encima si fuéramos a rajatabla en un radical revisionismo histórico es imposible,
basándonos en lo escrito, en la estación, fecha y lugar que Jesús naciera un 24
de Diciembre. Lo que pasa es que todas las deidades de la Antigüedad nacían
bajo el auspicio de Sol Invicto que coincide con el solsticio de invierno. Es
alrededor del 23-24 de diciembre cuando se produce la noche más larga para
luego el sor renacer y empezar los días a tener más luz solar. Este año magnificado por el fenómeno celeste de la
conjunción de Júpiter y Saturno en la armonía del baile cósmico que nos recuerda a la
estrella de Belén. Incluso la
festividad de Santa Lucia debería ser un 22 de Diciembre y no el 12 por el
hecho conllevado que lleva toda la tradición de esta santa. Por eso es que la
fecha está puesta donde está. Por ejemplo el escritor JJ Benítez sostiene que
el nacimiento de Cristo fue un 20 de agosto. Cuando Cristo decía "Yo soy la Luz del mundo..." es una frase que implica todo un mensaje mucho más allá de las simples palabras. Pero bueno eso ya es otra historia
que me ha servido como obertura de la que hoy traigo a colación.
Creo que ya queda patente que no soy
persona adepta a estas fechas. Eso no quita para que yo no defienda o reivindique
la pureza de la tradición. Aquí se mantiene el compromiso inquebrantable con la
misma. Quienes sigan este blog sabrán que otros años he reivindicado que vuelva
lo Divino a nuestras calles como épocas pasadas. Si ya difícil era ahora más. Pero
sí hay un villancico que me produce una enorme emoción al escucharlo es “Adeste
Fideles”. Y me produce un hondo sentimiento de recuerdo hacia Jose el cojo.
Tengo tan viva la imagen de verlo cantando este villancico en la misa del Gallo
en la iglesia de San Francisco que me es imposible que no me despierte este sentimiento
de añoranza hacia él. Igual que hacia el padre don Jesús Martínez residente
ahora en tierras navarras. Que buen tándem formaron ambos durante años en San
Francisco.
Es imposible en estas jornadas no
escapar de oír un villancico, este lo he oído ya varias veces, y pensar que en
medio de esta pandemia Jose no se hubiera quedado de brazos cruzados.
Posiblemente se hubiera desvivido por los más necesitados, cada día son más, y
sobre todo porque cada niño de familia sin recurso tuviera su regalo por Reyes.
Y hubiera implicado en ello a mucha gente pues Jose era de una personalidad
arrolladora y mucho carisma. No me cabe duda pues el espíritu altruista de un
santo en vida como fue él no tenía parangón en este pueblo y así lo hubiera
demostrado ante esta oscuridad que quiere apagar la luz.
Supongo que ahora cantará
villancicos con aquella voz prodigiosa que tenía en un mundo mejor que este.
Pero los que aquí quedamos los añoramos. Mucha gente me suele comentar lo que
se le echa de menos. ¡Y razón no les falta! Cada vez que visitaba nuestro
camposanto iba a visitarlo. Ahora no sé dónde han trasladado sus restos, pero
aún así cada vez que entro al cementerio lo tengo muy presente al igual que a tantos
villeros/as que visito en su última morada terrenal.
José allá donde estés seguro que estás
intercediendo por nosotros en la lucha que aquí, desde los puestos que nos
corresponde a cada uno como sociedad, estamos librando contra esta pandemia. Supongo
que nos hubieras dicho que hay que tener Fe y rezarle a la virgen. No lo sé.
Pero sí sé que ahora estás en un muy buen puesto para terciar por nosotros
en estas horas sombrías.
En Nochebuena oiré “Adeste Fideles”,
será el único que escuche, para tenerte en el recuerdo de esos amigos que
pronto nos dejaron y tanto los echamos de menos. Supongo que esa sí es la
verdadera magia de la Navidad. La que nos invoca los recuerdos de grandes
personas. Y encima como Jose que vivió en comunión espiritual con Dios. Otra
persona que debía haber sido inmortal para mayor gloria y honor de la Villa de La Orotava.
Un abrazo Jose. Feliz Navidad.
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Primera edición del texto: Diciembre
de 2020.